Por: Carlos Manuel Asián Pereda*
Durante los casi veinte años de mi paso por la
televisión, esa “caja boba” que encandila y convierte en seres divinos a
simples mortales, tuve la oportunidad de escuchar a muchos colegas y directores
de programas periodísticos referirse, de un modo chambón y hasta despectivo, a
ciertas interrogaciones realizadas por jóvenes reporteros, consideradas por
estos gurús de la “tele”, como preguntas
tontas.
Como es bien sabido entre los hombres y mujeres de
prensa, algunas respuestas a sus preguntas pueden ser mucho más desconcertantes
que la consulta en sí. Sin embargo, y casi, siempre se culpa a los periodistas
de todo el mundo por el contenido objetable de las noticias sin tomar en cuenta
su fuente, inmediatez o importancia.
Un hecho que me viene a la memoria sucedió durante un
seminario de Producción de Contenidos Televisivos cuando el conferencista nos
contó sobre la experiencia que se vivió en EE.UU., luego de la explosión del Transbordador Challenger
en el espacio. “La tragedia fue un golpe muy fuerte y difícil de asimilar por
el pueblo norteamericano que vivió en vivo y en directo como, en unos pocos
segundos, este poderoso cohete espacial se desintegraba en el cielo. Los
críticos fueron muy severos con los medios de comunicación, y especialmente con
la televisión, y se quejaron rápidamente por las repetidas veces en las que las
diferentes emisoras mostraban diversos ángulos de la explosión. Los “censores”
señalaban que era un atrevimiento de los medios invadir la privacidad y hacer
un espectáculo del dolor causado a los padres, esposos, hijos y familiares de
las víctimas, así como de hacer de
manera recurrente las llamadas “preguntas tontas”, recordó.
Luego de la tragedia, los periodistas, que estuvieron
cubriendo el lanzamiento, buscaron a las fuentes para encontrar explicación a
aquello que había ocurrido ante sus ojos y que aún no habían podido asimilar.
Un vocero de la NASA salió al encuentro de ese enjambre de periodistas ávidos
de respuestas y al cual solo atinó a responder con monosílabos.
“¿Hay alguna señal de sobrevivientes?”. La lacónica
respuesta fue: No.
“¿Se han
recuperado ya algunas partes del fuselaje?” No.
“¿Cree qué el presidente pospondrá su discurso sobre
los estados de la Unión?”. La respuesta fue: No sé.
¿Cómo es posible que los periodistas hagan este tipo
de preguntas tan tontas?, inquirieron los críticos, sin embargo, unas horas más
tarde, obtuvieron respuestas. El presidente Ronald Reagan decidió cancelar sus
discursos ante la Cámara Baja y el Senado, en señal de duelo. ¿Qué pasó
entonces con la pregunta tonta? Sin duda ésta se convirtió en una pregunta
inteligente. De igual manera, al encontrarse la primera pieza del fuselaje, la
pregunta que se hizo al final de la tarde se convirtió en una pregunta muy sesuda.
En nuestro país, un terrible accidente de tránsito, no
tan grato para la evocación, pero si para contribuir a la explicación del tema
de marras, nos da más luces sobre el papel del reportero de calle y sus preguntas
en el terreno de los hechos. Hace algunos años, una pareja de esposos,
acompañados de sus dos menores hijas, viajaba por la Panamericana Sur en una
camioneta Station Wagon, cuando fue impactada por un pesado vehículo causando
la muerte inmediata del esposo y lesiones graves en la mujer y en sus hijas.
De inmediato, varias unidades de bomberos y cuerpos de
salvamento llegaron al lugar y procedieron a rescatar de entre los fierros
retorcidos a las víctimas. El trabajo fue arduo. Los bomberos trasladaron a las
niñas a un centro de salud y la Policía esperaba la llegada del fiscal de turno
para el levantamiento del cadáver. En ese momento, la joven esposa, recién
rescatada y conmocionada por la tragedia, fue abordada por una joven reportera,
quien, micrófono en mano, disparó a quemarropa: ¿Señora usted ha sufrido graves
heridas, le duele mucho? Ante tamaña pregunta, la respuesta e indignación de
los críticos no se hubiera hecho esperar y sin duda dirían: Claro pues, es que
acaso esta señorita no se da cuenta de las lesiones sufridas por esta mujer. Pero mejor, lea
usted la respuesta registrada ese día: “Señorita, el dolor físico en este
momento es imperceptible para mí… más me duele la pérdida irreparable de mi
querido esposo y el grave estado en el que se encuentran mis hijas”, sentenció
la mujer. Estimado lector, ¿dónde está entonces la pregunta tonta?
Con el respeto que se merece Miguel Bosé. Considero que
debería ser más tolerante con los reporteros “no especializados” cuando
“lanzan” este tipo de preguntas, pues gracias a ellas ya sabemos que “Don
Diablo” se emborrachó un montón de veces con nuestro pisco sour y que tiene
como cocinera a una compatriota… Joder.
Podría concluir este texto diciendo que el periodista,
al realizar su labor informativa, no goza de Patente de Corso ni es una
personificación del agente James Bond, con licencia para “matar”. El periodista
es un profesional con vocación de servicio social por lo cual sus actos deben
ser realizados con máximo rigor y responsabilidad, su preparación debe ser constante
y consciente para acercarse siempre a la verdad y que en este difícil tránsito
en busca de ella sólo existan preguntas
tontas cuando no haya información novedosa o interesante en las respuestas.
(*) Docente
universitario.
Agradecimiento especial por el aporte académico al Prof. Carlos Asián. Aquí les dejamos el enlace de aquel día peculiar sobre 'lecciones' de periodismo por Miguel Bosé.