viernes, 22 de junio de 2012

Historia en los Barrios





Cuántas veces hemos caminado bajo la lluvia sin ningún paraguas en las manos e incluso si alguien nos lo ofrecería diríamos un rotundo ¡No!. Esto es ilógico para muchos y muy tonto, demasiado tonto, para otra tanta mayoría que lleva paraguas incluso bajo pleno sol. Vida, cuestión de ilógicas que se hacen lógicas de acuerdo a por dónde se les mire y qué es lo que se  quiere obtener de ellas. Lo mismo sucede  con el café para no dormir, en mi caso no  funciona. Prefiero tomar agua de menta y  estaré despierta hasta el día siguiente,  mucho mejor que una rumba o amanecida  juerguera. A lo que voy, en  esta ocasión quisiera referirme a una  persona que acabo de conocer hace apenas  una semana. Sí, una semana.


 Fue sábado, cerca de las dos de la tarde,  entre tanta caminata para  encontrarlo.  Me refiero al Sr. José Raúl  Ramirez y  compañía Sra. Marta Aguilar.


Cuando nos acercamos junto a mi compañero al Museo Juan José Vega, nos atendió una adolescente de 16 años que , ¡Vaya!, sabía mucho y lo que no conocía lo decía sin roche o como se dice cultamente; lo decía con sinceridad: "no podría responderte, no lo sé exactamente como para asegurarte".

En mi mente y es probable que en la de mi compañero, algo intrépido, estaba el objetivo de lograr una entrevista o una foto de los precursores o defensores del patrimonio cultural que habita a duras penas en el distrito de Carabayllo. De mi casa, a hora y media (exagerando) quedaba una herencia histórica e interesante que de no ser por el trabajo universitario no hubiera llegado a conocer y menos a reflexionar sobre qué sentido tienen nuestros pasos. 

Si mientras unos piensan en reformas y aportar por el crecimiento tecnológico. ¡Allá! en Punchauca hay dos personas con cuya humildad han defendido por más de 8 años la preservación de nuestra cultura, sí nuestra cultura. Esa que no conocemos y que aún teniéndola a la vuelta de la casa pisoteamos,ignoramos, maltratamos y olvidamos. 
Es el colmo que haya  funcionarios públicos que no se hayan atrevido, en esos años de gestión, a escuchar lo que piden estos dos héroes históricos, por todo lo que protegen. 

Quise documentos sobre las veces que se ha requerido el apoyo para preservar el legado histórico de Punchauca; la Sra. Marta respondió algo incómoda a aquella adolescente curiosa e inteligente "Qué sabe ella que me pueda contar", mencionó firmemente.

Lo que buscábamos saber era un trabajo para profesionales titulados, y en modestia parte, ella no nos consideró un medio efectivo para lograr una investigación que sí tenga resultado a favor de la protección de  La Casa Hacienda Santiago de Punchauca o un mejor lugar de exposición para nuestro Museo Juan José Vega. En ese momento, lejos de sentirme ofendida, comprendí que en mi país puede haber mucha voluntad,pero si no tienes el talento y la escala de valores necesarios terminarás siendo uno más de los elegantes que sólo mira,oye pero no escucha. Y así pasarán los años sin haber hecho otra cosa que priorizar los intereses de unos pocos sobre lo que realmente importa: conocer tu origen. Nuestro origen. El enojo o incomodidad de la Sra. Marta pasó cuando se dio cuenta que me llevaba bien con su pequeño Dios. Era un cachorro llamado Kon, Dios de la lluvia y el viento del sur.

Él estaba muy ocupado con estudiantes del instituto IPAL y del colegio San Agustín. Su voz era firme y al oírle uno iba olvidando la sencillez de su vestimenta y se iba imaginando una ponencia en sesión cerrada de lo más alturada. Son pocas las personas que pueden verte a los ojos y contarte orgullosos su historia o una pequeña parte de su vida. Él no, el lo decía todo,pero como nuestra juventud es lastimera, muy poco oía y menos escuchaba. Como toda persona inteligente no gritaba, seguía explicando para los interesados como yo y mi compañero.

 De ese recorrido me he quedado no sólo con recuerdos del viento revoloteando mi cabello, del polvo entre mis ojos y mi sandalias que huían de mis pies al caminar. Me he llevado su ejemplo y su lucha por algo tan fidedigno. Definitivamente el camino de un periodista no es caminar por caminar ni preguntar por preguntar, sino también observarse a sí mismo sobre sus metas.

Historia en los barrios se forman a diario,mas no todas son igual de importantes,pero hay que saberlas.

Todo sirve.

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